Reseña de ANTONELLA: By “Un Cliente Cualquiera”

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Fuente de la reseña: www.aliciadollshouse.com

 

Tenia en mente contratarla desde hace mucho, por uno u otros motivos no se me había hecho. Hace un par de semanas, vi en su página que actualizaron las fotos y fue lo último que necesité para animarme.
Antes, me habpia aventado un clavado en los comentarios de su perfil, y honestamente debo comentar que algunos de mis palos fueron pensando en los comentarios y reseñas que había leído de ella. Era exactamente lo que me pedía el cuerpo, una escort sin tabúes, de piel blanca, rostro bello y adicta al anal. Además, la lencería es uno de mis mayores fetiches. Cumplía todo lo que este servidor requería.
No me lo pensé mucho, y la cité en el Novotel. Normalmente soy más de moteles, pero quise brindarle un espacio más de acorde al nivel de mujer que estaba solicitando, sin llegar a caer en lo ridículo pagando 2 o 3mil pesos por una habitación en el Quinta Real o algo así.
La cita se pactó en 2.5h, por 5600 pesos. El servicio me comentaron que ya incluía cumshot, anal, lencería, juguetes y cuanta perversidad pasara por mi mente, lo cual realmente me puso en modo creativo.
Llegué a la hora pactada, me instalé, confirmé mi número de habitación con la agencia, y esperé mi cita. Llegó pasados 45 minutos desde que pasé mi número de cuarto. Para no despertar sospechas, quedé de verme con ella en el bar, ya que se necesita tarjeta para subir.
Cuando llegó, estábamos enlazados en llamada mediante la agencia, y me dejó realmente impactado. Venía vestida tipo secretaria, con un aspecto completamente empresarial, con un abrigo negro hasta media pierna, entallado en la cintura, y unas zapatillas negras muy elegantes, no demasiado largas. Resaltaba especialmente su cabello rubio y su precioso rostro.
Tomamos un par de tragos para relajarnos y caldear el ambiente, hablamos de nosotros, de lo que nos gusta hacer, platica trivial pero sembrando para lo que sucedería despues.
Al subir en el elevador, cuando se cerró la puerta, me dio un cálido y húmedo beso. Realmente sexy.
Ya en nuestra habitación, se abrió su vestido, y lo que pude apreciar era impresionante. Comenzando por los pies, unas medias transparentes muy sexys, se alzanzaba a apreciar el liguero, una entallada falda gris corta, que hacía estilizada su figura, una blusa blanca de botones, no muy ajustada, abierta hasta el tercer botón donde podía apreciar un brasier de encaje blanco.
Me avalancé sobre ella y la incliné sobre el mueble, dándome la espalda. La despojé de su abrigo, y comencé a acariciar su cuerpo, notando como su respiración iba aumentando. Separé sus piernas, levanté su falda, y comencé a acariciarla por encima de la tanga, notando como ésta se iba mojando rápidamente. Me arrodillé, bajé la tanga, y le hice un oral desde atrás, atendiendo especialmente su ano, que me moría por penetrar.
Cuando estuvo debidamente lubricado, no me lo pensé, dejé caer mis pantalones, me puse el preservativo, y en esa misma posición la penetré analmente. Ella se estremeció apoyando sus manos sobre la pared, y dejándose hacer. Comencé a alternar mis movimenientos, rápidos y lentos, mientras ella cada vez inclinaba más su cuerpo. Fue terriblemente sexy cuando ella arqueando al máximo su cuerpo hacia atrás, consiguió besarme en la boca mientras la penetraba. Yo la tenía sujeta con fuerza de la cintura, dándole duro, y ella completamente arqueada hasta el punto de que pensé que se lastimaría. Ese beso fue especialmente intenso, agarré su cuello con mis manos (sin fuerza, aclaro obviamente) y le di hasta que me vine en uno de los mejores orgasmos que recuerdo.
Tras esto, ella se volteó y sonriendo me dijo: vaya que si me tenías ganas… eso estuvo muy rico. Cuánta razón tenía la condenada.
Nos relajamos en la cama, recuperando fuerzas, y platicando sobre lo que había pasado, fue realmente intenso. Pasados unos minutos, ella me pidió unos momentos para ir al baño y refrescarse.
Cuando regresó, se había enfundado en un nuevo conjunto de lencería, con un corset negro, tanguita negra y medias por las piernas. La hacía ver realmente increíble. Me aclaró: ya me hiciste como quisiste, ahora me toca a mi…
Se acercó a la cama gateando sobre el suelo, mirándome a los ojos fijamente. Al llegar a mí, se introdujo mi miembro completamente en la boca, hasta el fondo, despacio, sin prisa, sin pausa. Lo sacó y volvió a repetir varias veces sintiendo como mi miembro se endurecía a su punto máximo.
Le gustaba jugar con él, ensalibándolo, jugando con sus manos, mirándome. No terminé de milagro. Se incorporó y se sentó sobre mi, mirándome en todo momento, jugando con sus movimientos pélvicos, abusando de mi, deteniéndose cuando sentía que estaba por llegar al clímax, y volviendo a comenzar… así me tuvo un rato. Luego, se volteó, y ella sóla se la introdujo de un golpe en su ano, soltando un estremecedor gemido que hizo que se me erizaran todos los cabellos. Comenzó a subir el ritmo, se acariciaba los pechos, se apoyaba sobre mis piernas.
Cuando vio que ya no aguantaría más, se arrodilló frente a mi y comenzó a masajear mi pene con sus pechos, mirándome, acariciando el glande con su lengua, subiendo el ritmo, hasta que le deje ir todo mi esperma en la lengua, la boca, el rostro, y sus pechos. Ella siguió masajeándome con los pechos, mientras con su lengua iba limpiando todos los restos de mi semen.

El tiempo concluyó, y desgraciadamente se tuvo que retirar. Debí haber sacado más del cajero, habría aguantado otras dos horas sin problemas, probablemente hubiera aguantado todo lo que a ella le hubiera venido en gana. Es la perversión personificada.

Me comentó de hacer un trío con Mafer, de la misma agencia. Probablemente me anime en cuanto saque algunos pendientes de chamba.

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